Yo conocí el amor de un hombre, un amor vació y egoísta que me rompería el alma en dos. Me decía que me quería más que a nada en el mundo, que yo era lo más importante en el universo; pero él no sabía que cuando alguien quiere de verdad, quiere en silencio, con hechos y nunca con palabras. No pude predecir que vería perecer en vida todo aquello que amaba y que antes de llegar al cielo visitaría el infierno.
El creía ver en mis ojos un reflejo de un amor que el nunca había conocido. Yo creí haber ganado el mundo, todavía no sabía que podía perderlo en un minuto. Quizás el me quería a su manera, como yo lo quise a él, a la mía. Pero él no me reconocía, quizá porque el nunca me dejó conocerlo, nunca dió un paso para que lo hiciera y por eso paramos los últimos días como dos extraños que se ven todos los días y sólo se saludan por cortesía.